Creo, todos sabéis que no soy arqueólogo, ni nada, sólo un aficionado a estas cosas, pero recogí el testigo atendiendo la llamada de Javier:
--Fernando, están de obras en Reconquista Sevilla y me dice una chica que detrás de la maleza salen unas piedras con una pinta rara, muy viejas… -me dijo. Cogí mi cámara y tiré para allá.
Sí, había un hombre trabajando en una especie de acometida de la luz, un “murete” lleno de zarzas, tubo grueso de color rojo, un dúmper y poco más.
¿Qué eran aquellas piedras? ¿A qué puzzle pertenecía ese murete? ¿Restos de qué? ¿De un edificio desaparecido, de una valla, de una casa?
Empecé a darle vueltas y quise recordar qué en una visita que hicimos los Amigos del Patrimonio a la cueva de Los Santos; encontramos, encontré, vi, varios restos de una especie de murete de piedra (similar o parecido), ya no muy alto, comidos por la maleza, pero aún consolidados, en varios tramos, al pie de la montaña.
Por otro lado, alguien insinuó que aquello servía (sirvió) para entrar y salir de Laredo en tiempos pretéritos; lo cual excitó, aún más si cabe, mi curiosidad y me hizo ponerme manos a la obra.
Y aquí está la historia…
Creo que todos conocemos, mejor o peor, las recreaciones, los dibujos de F. Hierro - plumillas coloreadas, creo-, plasmando aquel Laredo, aquella dársena del siglo XVI. La verdad es que me encantan, pero cuanto más profundizo en el tema, más “fallos tontos” les encuentro. No se trata de sacar faltas, ni mucho menos, pero como ejemplo sirva que ni Sta. María tenía pórtico en aquella época (es del sigo XVIII) y aún menos reloj nuestro antiguo ayuntamiento (el primero es del siglo XIX). Salvados estos detalles, sigamos con la historia…
Partiendo, solamente, de esos dibujos; todos tenemos en mente, aunque no sepamos su nombre ni su historia, como era, más o menos, el “muelle viejo o cay viejo” o de Lampiazo, cuyas obras datarían de tiempos de Enrique IV, y parte del Puerto Chico (lo que hoy es la zona de la gasolinera y parte de la calle López Seña), la Taleta, la casa del Condestable (convertida en casa-torre Vélez Cachupín a partir de 1755 y demolida, finalmente, en 1908) o la Puerta del Ras, o la Plaza de Herradores. Pero más desconocido es el puerto del Arenal (casi nadie lo conoce) y el Camino de Castilla.
Empezaremos diciendo que aquel Laredo Bajomedieval quedaba aislado y rodeado por las aguas del mar dos veces al día, por tiempo de unas seis horas cada vez, coincidiendo con las mareas altas, por lo que resultaba intransitable durante la mitad del día. Esa dirección hacía el sur, buscando terreno llano, era la que tomaba a través del arenal el camino que unía la villa de Colindres y Trasmiera, con Castilla en suma, ya que las restantes posibles salidas de la villa hemos de considerarlas como cuestas impracticables a través de la montaña, o siguiendo la vía marítima. Arrancaba dicho camino, llamado de Castilla, de la puerta llamada del Puerto Chico o del Ras o del Arenal, una de las principales de la villa, situada en la zona suroeste del lienzo de la muralla que envolvía el Arrabal.

Plano de aquel Laredo de M. Basoa
Una vez acabado el muelle viejo y contramuelle y conseguidos fondos permanentes para su mantenimiento y conservación (lo de los fondos es otra historia), la atención y esfuerzos de la villa se centraron en acabar con su secular aislamiento en cuanto las mareas altas llegaban a cierta altura cubriendo el arenal que se extendía en la base de la pared rocosa de la montaña al sur de la villa (gasolinera, alamedas, institutos, campo de fútbol, etc.); solicitando la construcción de un muelle junto a la base de la montaña, suficientemente alto para impedir su inundación y de un ancho que permitiera el paso de carretas, si bien no sería un muelle de atraque de barcos, sino que por la propia naturaleza del arenal y su carácter de bajo fondo, saldrían de él unos muelles flotantes de madera, a modo de embarcaderos o pantalanes, que permitirían el acceso a las naos para la carga y descarga de mercancías.
La villa, el concejo y sus vecinos, tenían lógicamente conciencia de la situación de aislamiento en que quedaban por sufrir sus consecuencias día a día, y así se aprecia en las declaraciones de testigos en un pleito entre la villa y la iglesia parroquial de Santa María contra el convento de San Francisco de 1517, antes de la peste de 1568 y de que, finalmente, se instalaran aquí los franciscanos de Barrieta.
“…esta dicha villa de Laredo es de pequeño circuito e poca anchura a causa de las cuestas que tiene alderredor…”, dice uno y explicita: “… la dicha villa de Laredo es de pequeño sytio e asyento porque esta sytuada e fundada en lugar donde tiene alrededor cuestas e la mar, e que sy no es cuando la mar esta baja camyno de Trasmyera e otras partes no pueden salir della ny entrar sino por cuesta”.
El primer memorial conservado hubo de remitirle al Consejo de fines del año 1524 o primeras semanas de 1525, pues se recogen en una real provisión (Madrid, 6-4-1525) e indica la necesidad “…de hacer vn camino en la mar para que de toda la mar llena pleamar…” los vecinos, recueros y mulateros y otras personas pasen sin peligro, ya que por no estar hecho esperan mucho tiempo, y a veces, por no esperar, las bestias se “pierden e mancan” en dicho paso, y corrían peligro las personas por pasar en dicha mar”.
El camino habría de ir desde “la casa del concejo de dicha villa hasta donde llaman el Risco que diz que están dentro del muelle y puerto de la dicha villa, donde se hazen las naos e pinaças e vateles e a donde se remueven e adoban las viejas…”
En el memorial de 1527, recogido en la real provisión expedida en Burgos el 19 de diciembre de 1527 expresa la “necesidad de hacer un camino y cay en el mar por donde dicen la Baxa, para que los vecinos de esa dicha villa y los recueros y los viandantes y mulateros puedan entrar y salir libremente sin peligro en cualquier tiempo, por que a causa de no estar hecho dicho cay y camino en tiempo que la mar hinche y este llena no pueden salir de la villa”, y que había de llegar hasta el río Culebro “que sale debaxo de una peña donde la mar combate continuamente”, el cual sería desviado de su curso hacia el medio de dicho camino para hacer una molienda: “e que esa dicha villa quiere traer por medio de dicho camino el dicho ryo para hazer dentro della vna molienda por la mucha necesidad que della teneys e por la vtilidad y provecho que dello se sigue…
“Primeramente qual dicho cay susodicho a de yr edificado y hecho a reyz de la tierra, pegado a la montaña como ba la mesma montaña y no por el derecho que yba el questa comenzado”.
El memorial del concejo de Laredo de 1556 esboza ya un somero proyecto de medidas del muelle, largo, ancho y alto, costo global y sistema de financiación, a los que debía sujetarse su construcción; así indica que la entrada y salida de la villa con dirección a Castilla era por la puerta del Arenal, por la que da el río Culebro (que hoy dicen discurre por el interior de la cueva de los Santos e ignoro si tiene conexión con el Pelegrín o dónde está su salida y desembocadura), y ese camino le ocupa el mar seis horas en creciente y seis en menguante, con lo que la villa queda incomunicada la mitad de cada día, con cuyo motivo, añade quería hacer “un cay de piedra viva de doce pies de ancho (28 X 12 = 3,36 m.) y dos brazas de alto (2 X 1,6719 = 3,3438 m.) y de largo dos tiros de ballesta” que calculan unas 300 brazas (300 X 1,6719 = 501,57 m.), por el que puedan pasar las personas a pie, a caballo y con carros, cuyo importe estiman en 10.000 ducados, que por falta de rentas propias pide sean permitidos echar por sisa en los mantenimientos de la villa.
Dentro del problema que plantea la conversión de medidas al sistema métrico decimal, por la diversidad de equivalencias para la misma época, podemos dar las siguientes equivalencias:
1 braza equivale a 6 pies y a 1,6719 metros; 1 pie equivale a 28 cm.
De modo que el proyecto contempla un muelle adosado a lo montaña de 2 brazas de alto, es decir: 3,35 m. alto aproximadamente, y un ancho de 12 pies, es decir, también 2 brazas, lo que equivaldría a un gran prisma cuyo alto y ancho fuesen iguales, de unos 3,35 m. y su base todo lo largo hasta alcanzar “dos tiros de ballesta”, unas 300 brazas, es decir, una longitud aproximada de 500 metros; dicho ancho permitiría pasar por él como indica la solicitud a pie, a caballo y con carros.
En resumen, diremos que se trata de una obra de gran envergadura, un muelle de una longitud de casi 600 metros (351 brazas equivalen a 586 m.), que partiendo de la puerta de la villa de Puerto Chico, se une a un muelle viejo estrecho, que llegaba hasta debajo de la casa-torre del Condestable de Castilla, lugar en el que soldaría a un extremo de un trozo de muelle ancho, hecho con anterioridad, extremo por donde buscaba su desagüe la “necesaria” o letrina de la villa. De allí, partiendo del otro extremo de este trozo de muelle, con ángulo de 90 grados, arrancando en curva como si fuera un cubo de muralla, el muelle se prolongaba siguiendo la base de la peña del Cantón hasta la cantera de la villa, y de allí, en dirección al río Pelegrín, sin separarse de la base rocosa, teniendo como hitos importantes el curso de agua de la Baxa, el río Culebro, donde se harían bajadas al mar, un pequeño puente sobre el río y unos lavaderos con sus bajadas, la eliminación de una gran peña redonda que obstaculizaba el trazado, con destrucción de otro pedazo de muelle anterior, cuyas piedras se utilizarían, hasta llegar a la peña de Campillo y a un pedregal, donde prácticamente acababa el muelle que se prolongaba en una calzada de 8 brazas (unos 13,5 m.) siempre en dirección al río Pelegrín.
Desde la cantera hasta esta calzada el muelle llevaba un petril, tanto interior como exterior, para evitar las caídas de personas al mar o por los huecos que quedaban entre el muelle y rocas, y desde la cantera hasta la puerta de la villa, aparte del petril, troneras y aspilleras para la colocación de las defensas artilladas.
Menos de veinte años después los muelles Viejo y del Arenal presentaban, al decir de la villa, un aspecto lamentable de deterioro, originado por la acción del mar; como consecuencia se lanzará a partir de la última década del siglo una constante obra para su reparo, pero a la vista del proceso podemos asegurar que nunca volvieron a la situación en que les dejaron en 1754. Y todo a costa de invertir en ellos grandes cantidades de dinero (tanto en el Viejo como en el del Arenal), pero ese es otro tema…
Desconozco en qué momento se abandonó su mantenimiento –el de los muelles del Arenal- definitivamente. Os puedo decir que en el taller de Pedro “el Rubio” (hoy Electo-Auto) creo recordar que, de niño, todavía vi por ahí alguna argolla de hierro de las de amarrar los barcos.
Herradura incrustada en el muro, para atar caballos, junto al "taller" antigua casa del herrero.
También os puedo decir que en el muro contiguo al taller aún se conserva en la pared una herradura incrustada donde se amarraba el penco, porque en aquellos tiempos pretéritos, esa casa, antes de ser un taller de ruedas o de automóviles, era la casa del herrero (un tal Pineda), de ahí lo de “Plaza de Herradores”.
Para acabar y recordando a mi admirado M. Basoa, pongo aquí un fragmento de su libro relativo al puerto y Camino de Castilla…
Se llamó de Castilla porque Laredo era el puerto que surtía al interior de la región. Nacía dicho camino en la casa del general Zarauz, ya que el otro cruzaba la villa con el nombre de “la Costa”, por venir de Castro Urdiales, bajando la calzada de San Lorenzo y la calle Cordoneros, confundiéndose en el solar de referida casa con el de Castilla, y así seguían unidos hasta Costa-mar, aun cuando en siglos posteriores, también, se llamó “la Costa”, el itinerario calzada de San Lorenzo, Cordoneros, calle del Arrabal, calle del Muelle o de la Taleta, Salvé, Puntal, Santoña y Santander.
Detrás de la casa de Zarauz existe otra desmochada, cuya puerta principal es de ojiva; está situada a la izquierda del camino, marcando así la dirección y anchura de la vía, convertida hoy en patios, en aquel lugar inicial, siguiendo el camino siempre pegado a la montaña hasta el Pelegrín o el Paso, aprovechando el margen de los sillares del muelle romano. (…)
Lo que sería la Plaza de Herradores. La casa al fondo.
Como podréis entender, a tenor de los datos, en lo del “muelle romano” discrepo.
(…) En un testimonio –que transcribe una real provisión- del escribano de Laredo don Juan del Hoyo Madrid, impreso en parte y fechado en el año 1605, se habla del camino de Catilla en esta forma:
“…y el otro muelle nuevo que estaba a la entrada y salida de Castilla, pegado a la tierra, estaba “rompido” y “caydo” por algunas partes, y por otras se iba hundiendo y cayendo, de manera que si no se remediaba con brevedad, se impediría el paso, de suerte que no se pudiese entrar ni salir. Y todos los dichos daños habían sucedido por la fuerza que en los dichos muelles hacía la mar, y por el diluvio general que sucedió en dicha tierra por mes de noviembre pasado de noventa y tres, y que si no se reparaba, quedaría impedido el paso y el comercio… Dado en Valladolid a 13 de mayo de 1605. –Conde de Miranda- Ldo. Francisco de Albornoz.- Ldo. Don Diego López de Ayala.”
Otro día, para no extenderme más, os contaré su itinerario (el del Camino de Castilla) de una forma más exhaustiva.
Creo que a tenor de todo lo expuesto y de los dibujos y las fotos, la pregunta de la chica que se cita al inicio de este artículo quedó respondida. Aun podéis ir a indagar y visitar los restos de ese muelle, de ese camino, al ras de la montaña, en determinadas zonas, antes de llegar al Pelegrín. ¡Y es que el tiempo no perdona!
Restos de aquel muelle del Arenal comidos por la maleza...
Bibliografía:
Laredo en mi espejo. M. Basoa Ojeda.
M. Vaquerizo. Los muelles de Laredo en el siglo XVI.




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