Continuando con el tema que nos traíamos entre manos hace unos días…
Hemos de tener en cuenta, además (como tanta veces he contado), la importancia de Laredo como sede de corregidor y, sobre todo, la importancia de su puerto (de los más significativos del Cantábrico) como lugar de comercio, entrada y salida de mercancías y personas. Esa realidad comercial y mercantil de Laredo, en la Edad Media, tiene una trascendencia singular pues es de sobra conocida la importante cifra de comerciantes judíos que existía en España desde el siglo III. Laredo no pudo ser menos. Un centro neurálgico y económico de la importancia de Laredo (en aquella época) sería un buen aliciente para el asentamiento de mercaderes, financieros y profesionales de todo tipo y etnia.
Por otro lado, también es muy posible que Laredo tuviese presencia judía desde su fundación o la concesión del fuero (1200) por el rey Alfonso VIII. Y la cosa quedaría acreditada en una referencia que tenemos de 1268 donde se cita en un fragmento de las Cortes de Jeréz que: “los recaudadores de las rentas de Laredo serán don Peres y Pedro Barranca, judíos”. Sesenta y ocho años después de la concesión del Fuero ya aparecen documentos que nos hablan de “recaudadores de rentas”, judíos, en Laredo.
Tampoco podemos obviar las pistas que nos proporcionan sus nombres y apellidos…
Apellidos como fagueles, guaypanes, talayes son netamente judíos o el popular apellido Peres (aparecía un recaudador de rentas por ahí arriba), muchas veces escrito Pérez con la terminación idiomática española, no es un apellido de origen español, sino la palabra hebrea que designaba (designa) los capítulos en que la Torah (los cinco libros de Moisés), se divide para su lectura semanal a efectos de completar todo el año de lectura de esta.
Y sí seguimos las indicaciones del Marqués de Villanueva, se dan con frecuencia apellidos de animales en judíos y conversos: Azor, Gavilán, Falcón, etc. Apellidos que, como otros, también se dieron en Laredo.
Pero convencidos ya (creo) de la existencia de una “colonia judía” en Laredo (por documentos, citas, apellidos, etc.), la pregunta siempre es la misma: Sí, pero ¿dónde?
El recinto amurallado medieval y la nomenclatura de sus calles nos pueden dar una pequeña pista.
Antaño las calles se dividían o nombraban (algunas) según los gremios y oficios en ellas establecidos. La hoy San Marcial se correspondería con: Carnicerías Viejas; Merenillo: Carnicerías nuevas; San Francisco: Las Cabañas o Cordoneros; Revellón: Ferrerías, y tenemos una Rua Mayor, otra Enmedio y una Ruayusera que más tarde citaré, especialmente, y es la que más me interesa.
Al hilo de esto y citando a M. Basoa (que nunca desveló sus fuentes), hubiese habido a las afueras de Laredo, en lo que hoy es Tarrueza (considerada como un barrio de Laredo) y, en concreto, hoy, en otro barrio de la misma Tarrueza: el de de Santa Cecilia por tener una estructura urbanística más acorde), un enclave judío en la calle conocida como: “calle de las Platerías”. Allí cuenta Basoa en su libro, “Laredo en Mi Espejo” (1932), que antaño se encontraba un “ghetto” judío.
Ante la falta de datos y fuentes documentales (aparte de los citados anteriormente), y en auxilio de la teoría Basoa estaría el hecho y la investigación de las actividades comerciales y artesanales propias de los judíos y las disposiciones que ordenaban que los judíos vivieran extramuros de las villas o arrabales y, curiosamente, entre esos oficios (vetados a los hidalgos por considerarse “viles”) estarían: los de plateros, curtidores de pieles, sastres, tejedores, zapateros, etc.… Con lo que el Barrio de las Platerías (o la calle) le quedaría adjudicado, por “obligación”, a la comunidad judía (además de estar extramuros y que, asimismo, la profesión de orfebre fue propiamente judía. Palabras como: Gold, Silver, Diamant, Perl ó Rubin, son raíces judías).
Del mismo modo, si esos oficios eran considerados “viles” y aquí, por otro lado, “todos” eran hidalgos ¿quién los desempeñaba entonces? La respuesta es obvia.
Recordar, además, que dos de los requisitos exigidos para poder ser miembro de la importantísima Cofradía de Pescadores de S. Martin –la más antigua de España según documentos de tiempos de Felipe II- en los que se exigía: “pureza de sangre” (no tener ascendientes de origen judío) y, por otro lado, no desempeñar oficios de esos que se consideraban “viles” y de los que acabo de citar algunos… ¡Vivir para ver y aprender!
Como nota curiosa os diré que cuando anduve por allí, por la Calle Platerías –en Tarrueza-; algún vecino me vio merodeando y, enterado del asunto, poco después, me mandó recado para decirme que tenía que haber profundizado más en el final de la calle, sobrepasar las casas y el terreno asfaltado, hasta llegar a ciertas ruinas que la maleza y el paso del tiempo se han comido o han ocultado… ¿y yo qué sabía? De todos modos tampoco me hubiese servido de mucho pues…, de arqueólogo tengo poco. Pero sigamos avanzando…
Por otro lado, tampoco es verdad que “todos” los judíos viviesen agrupados en calles y barrios “extramuros” de las villas, porque muchas de las disposiciones antisemitas que aislaban a las juderías conocidas como las Leyes de Ayllón (1412) se cumplían débilmente y, además, durante el reinando de Juan II (hacia 1432) gran parte de las comunidades judías recuperaron gran parte de su autonomía e independencia, con lo que sí podía haber existido una judería “intra- muros” de la vieja ciudadela.
Este dato es interesante para volver, de nuevo, a una calle que antes cité: la Ruayusera.
Siempre se dijo eso de que el nombre se correspondía con lo de “calle de abajo” en relación con lo de: Suso (monasterio), arriba y Yuso, abajo (y, además, tenemos una calle de Enmedio). Pero ¿por qué no puede proceder el vocablo de otro término castellano?
Yusera significa (en castellano) molino de aceite. Además está documentada la existencia en Laredo de olivares durante los siglos XV y XVI (otra cosa es la calidad de la aceituna y, por lo tanto, del aceite).
Pero si queremos ser más certeros podemos remontarnos hacia atrás en el tiempo en busca de la denominación más antigua de la calle que bien pudo ser: Rua Usera (no Yusera). Con lo que podría identificarse la calle con la existencia de una “usera”, “ossera” o “macáver” (cementerio judío).
En auxilio de esta teoría estaría la localización por las calles de Laredo (hace años y en la actual remodelación de la Plaza de la Constitución también) de una serie de losetas con dibujos grabados (que Basoa cita en su libro como “moriscos”) y que andaban colocadas (del derecho y del revés) por las aceras y plazas de la villa.
Para J. Ortiz Real (Académico C. de la Real Academia de la Historia) estas piedras no serían más (o podrían ser) que lápidas de carácter “funerario” que los judíos ponían en sus tumbas y que fueron levantadas del cementerio existente en esa calle (Ruayusera o Rua Usera), con razón de reformas urbanas llevadas a cabo en el siglo XVI. Las piedras (losas funerarias) serian reutilizadas como ocurrió con las del cementerio de Oviedo, en su día, yendo a parar a diversas calles y plazas de Laredo.
Esta teoría, que no es mía, me hizo volver a darme una vuelta por esa calle. De entrada no encontré nada particular –a no ser ruinas- que la diferencien, apenas, de las otras. Tal vez la encontré algo más estrecha que las adyacentes (Rua Mayor, San Marcial...) y algo más sombría; pero sí me dio al ojo que todas las edificaciones existentes, a día de hoy, son de corte “moderno” –finales del s. XIX o siglo XX-. No hay blasones ni portadas “nobles” sino, más bien, modelos de antiguas casas de pescadores. Es decir, aparte de la homogeneidad del pavimento –que data de obras de los años 70- es la única que no conserva casas blasonadas, ni edificios, ni fachadas de “cierto porte”. Algo así como si en un solar se hubiesen levantado obras nuevas en los siglos citados… ¿La causa? Incendios, derribo de todo aquello que perteneció o recordada la antigua alhama… No lo sé.
Hasta aquí es todo lo que puedo avanzar con los datos que tengo. Y nota curiosa es que, antes de empezar a redactar este texto, gente de Laredo, más o menos “versada” en estas cosas, me citó a la Ruayusera como una antigua (muy) judería o alhama. Aunque; bien es verdad, que a otros, el sólo pensarlo les chirría…
Termino. No me cabe duda de la existencia de una judería (o más) en Laredo. Sería una estupidez pensar lo contrario a tenor de los documentos encontrados, de la importancia (sobre todo mercantil y comercial) que tuvo Laredo en tiempos pretéritos y de lo aquí expuesto. Pero mientras que sobre otros temas hay mucho escrito y estudiado, de éste en concreto, no. Y las causas, que a ciencia cierta desconozco, me hacen pensar. Pues bien es cierto que en montones de pueblos, villas y ciudades de España, todavía, quedan restos de las juderías o alhamas, sinagogas y calles con ese nombre.
Laredo pintó muy mucho en esa historia pasada que tanto me gusta rememorar pero, desgraciadamente, este capítulo, quedó como borrado o arrancado de las páginas de los libros. Desconozco la causa… Tal vez, si algún día regresase aquel Archivo Histórico que marchó de Laredo a Santander, en depósito, hacia 1940 (y allí sigue), podamos averiguar nuevas cosas (eso seguro).
En cuanto que sepa más… ¡Os lo cuento!


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