El personaje en cuestión nació en Gante (Bélgica) un 24 de febrero de 1500 (en l'an de grace de Notre Seigneur Jésus Christ) y, según cuentan, su madre se puso de parto estando en el retrete. No sé si eso es verdad, pero ¡el morbo que tiene la cosa que, hasta los niños lo repiten sin conocer más biografía del personaje!
Hasta no hace mucho -acabo de corregirlo- los folletos de Sta. María rezaban algo así al tratar sobre las dos águilas de bronce que, supuestamente, regaló el Emperador a la iglesia: “Una tradición inmemorial asegura que fueron regalo del Emperador Carlos V, agradecido por la acogida que le dispensó el Pueblo al desembarcar en Laredo”. (…). Tiempo después, hemos descubierto que aquí no le esperaba nadie. Apenas encontró al alcalde de corte Durango y al obispo de Salamanca, Pedro Manrique, para recibirle. Es más; su secretario, escribano y mayordomo, escribió algo así en aquel momento: “Su majestad está bien mohíno del descuidado que ha habido en no proveerse algunas cosas que fuera razón se hubieran proveído” (…). El desconcierto fue total.
El pasado día, en la iglesia, hacía yo las siguientes cuentas con un grupo: el Emperador sale de Flesinga (Holanda), camino de Laredo, con una escuadra de 56 navíos, de aquellos de trapo (velas). Cada navío de aquellos llevaba una tripulación que rondaba, sino sobrepasaba, los 100 marineros. Además, a Carlos, le acompaña un séquito de unas ciento cincuenta personas, en su mayoría flamencos, porque Carlos “era muy sospechoso, principalmente con los españoles, en tanta manera que si le aconsejaban pensaba que era más por amistad y malicia que no por razón”.
Así, grosso modo, si multiplicamos 56 por 100 nos salen 5.600 personas, más 150 flamencos, más el Emperador… Total: 5.751 personas que desembarcan en Laredo un 28 de septiembre de 1.556, con las cosas sin preparar, para una villa qué, más o menos, tendría 600 habitantes (si no unidades familiares) ¡Vamos, que no pudo haber ni pan para todos!
Por ahí leí, también –hace unos días-, que “subió a rezar a la catedral”. Para mí y para todos los laredanos no deja de ser un honor tal calificativo –la cosa no merece menos-, pero nosotros (lo que hoy es Cantabria) no tuvimos obispado hasta 1.754 y dependíamos, hasta entonces, de Burgos…
Y, con respecto a las misas… Es de suponer qué, cuando el Emperador subía a misa -cosa obligada en aquellos tiempos-, subían todos (o casi) con él. Haciendo mis averiguaciones, pregunté a los de la Coral Salvé -¡si no sabrán ellos!- el aforo de la iglesia y de resultas, con los bancos y metiendo sillas, no caben más de 4.000 personas. Es decir; mil y pico, de aquel séquito, le esperaron en la calle. ¡Curiosidades de la vida!
Y, poco a poco, voy concluyendo…
Hablaba yo un día con un “excelso” concejal, después de una visita guiada de calle, sobre los “mitos de nuestra historia”. Y, así, sin más, me comentó que el tipo, el Carlos, no le caía nada bien. Le caía gordo porque estaba en contra de dictadores, emperadores y personajes poco democráticos. Eso sí, a la fiesta sí iba.
Indiscreta anécdota más propia de los seguidores de Padilla, Bravo y Maldonado (que entiendo), pero… ¿Qué tendrían que decir los ganteses –de Gante-?
Curiosamente, sus compatriotas (los de aquel Carlos) tienen una fiesta muy peculiar y que nada tiene que ver con el Desembarco. A través de los siglos, los ganteses han conservado su reputación de testarudos y obstinados. Incluso se sublevaron contra su propio príncipe heredero, el emperador. La cosa fue demasiado lejos y los ganteses fueron humillados públicamente y la Campana Roeland, símbolo de la independencia gantesa, bajada de la Torre Municipal. La ciudad hasta entonces tan poderosa, quedó reducida a la nada.
Por desobediencia, al emperador Carlos V, la rebelde ciudad de Gante fue condenada por él a una humillación pública. El 3 de mayo de 1.540, un cortejo de ganteses descalzos, sólo con una camisa y una soga alrededor del cuello, salió desde el Ayuntamiento hasta la corte de los príncipes, allí tuvieron que postrarse ante el Emperador y pedir clemencia en voz alta -¡ya veis como aquí!-. Desde entonces, se les apoda “los que llevan la soga al cuello” o “Stropkes” (en neerlandés), un mote del que se sienten muy orgullosos. La soga negra y blanca es además, el símbolo de la ciudad. Y la celebración se repite, año tras año, desde hace tiempo. (Información que he sacado de un folleto, traduciéndolo, que me dejaron los regatistas que vinieron desde Gante para, entre otras cosas, ver el Retablo de Belén).
Ya veis que hay pueblos que no se avergüenzan de su historia, al revés, la recuerdan, cuidan y miman, como pocas cosas. Aquí nos encanta fabular y, encima, tanto repetir la “trola” se acaba convirtiendo en verdad. De ahí lo de aquella señora que, después de una charla en la iglesia, me espetó: ¡Chaval, que te enteres que Carlos V nunca fue rey de Bilbao!
No os aburro más… Es que acabamos de salir de la Fiesta del Último Desembarco y, claro, era el momento más propicio para hablar, para contar, estas cosas.

Hola Fernando: Enhorabuena por el blog. Lo sigo con asiduidad porque encuentro mucha información sobre Laredo, localidad a la cual me escapo con frecuencia a lo largo del año. Me gusta mucho tu estilo literario, la verdad. Si me permites el atrevimiento, me gustaría que me aclararas una duda que tengo. Estoy realizando un cuaderno sobre Laredo (puedes ver algo de él en mi blog, si te apetece), y querría saber si la plazuela que está enfrente de la iglesia de Santa María actualmente tiene nombre, porque creo, según me he informado, antes se llamaba Azoque. ¿No es así? Te agradecería infinitamente me aclararas esta duda.
ResponderSuprimirPues nada más, amigo Fernando, sigue adelante con este proyecto y gracias de todas formas.
Un abrazo
Imanol
Tu duda quedará aclarada....
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