La conocí de niño, ubicada junto al mercado y así como de tantas otras me enamoré, de está no. No la presté la mayor atención. Hace muchos años que se la pasó la primavera y hoy languidece, cada vez peor, en lo que antaño fue la “Huerta de los Villota” o el huerto de “Los naranjos”. De los naranjos de Laredo sí, de aquellos que en el año 1600/1603, como los de Colindres, se helaron. Naranjas, limones y chacolí que tantos barcos cargaron rumbo a Flandes…
No, no hablo de ninguna mujer, hablo de una fuente: La Fuente de los Cuatro Caños (hoy sólo tres) o también de la Cordera, aunque los animales que flanquean (hoy sólo dos) sus esquinas sean carneros. ¡Curioso! ¿Os habíais fijado? Cosas del pueblo.
Aquella de la que nos dijo M. Basoa (aquí tan citado): “El primer artificio que adornó la salida del agua en la plaza pública fue el aparato de cuatro caños que existe hoy (hablaba de 1932) en el lugar donde estaba la casa y torre de Veléz-Cachupín (se refería a la derribada en 1908 y que se ubicaba en donde hoy está la Plaza de Cachupín y esa pequeña fuente luminosa). Su construcción data del siglo XVIII y estuvo situado en un rincón de la plaza de la Constitución, que forman la primera casa de la izquierda de la calle Ruamayor y la que perteneció a Ruy González Cachupín; a mediados del siglo XIX se colocó frente al palacio Vélez-Cachupín, y más tarde, derribado éste, se situó en su lugar. Es de hierro, con cuatro tazones y tres grandes platos en la parte superior; se la conoce por “La Cordera”, debido a las cuatro cabezas (ya he dicho que quedan dos) que tiene de adorno a los lados de los caños y en las aristas. Cuando la última guerra civil se gravaron dos inscripciones que dicen: “Militares”, “Paisanos”, situadas en los caños opuestos, a fin de regular mejor el servicio”.
Pues sí, parece que el “artificio” tiene su cosa, tiene su historia. Debe ser la única fuente pública que nos queda de aquellos tiempos del cuplé (hubo alguna más), cuando no había agua en las casas y, como es normal, había que ir con el cántaro a la fuente.
No siempre estuvo en el mismo lugar (como relata Basoa). Y así como yo, de niño, la conocí en la Plaza del Mercado (hay fotos), antes estuvo en el solar que dejó el derribo de la casa torre Vélez-Cachupín y, también, en la hoy Plaza de la Constitución donde, curiosamente, además de abastecer de agua a la población, sirvió de “burladero” en aquellas corridas de toros que se organizaban en Laredo, en esa plaza (a falta de otra mejor), hasta 1855 que se abrió la “nueva” carretera de Bilbao. ¡Cuántos toreros habrán salvado su trasero subiéndose, resquilándose, en ella!
Pero la vida es caprichosa y una vez que las casas tuvieron agua corriente en su interior ya no era más que un adorno que, casualidades de la vida, encontró mejor acomodo en la huerta de los Villota o de Los Naranjos, hoy Plaza del Marqués de la Albaida, que toma su nombre de D. José Mª Orense, político liberal, quien fuese presidente de las Cortes hacia 1873.
Y ahí, en esa plaza, continúa y languidece. Aunque, a decir verdad, hace unos años la dio un “buen repaso” la Escuela Taller. ¡Bien por ellos! (Y por el que les mandó).
Ayer pasé por allí y volví a ver lo poco que amamos y cuidamos los laredanos nuestras cosas. Lo que no dejamos que se caiga lo rompemos y, para más INRI, como que esperamos a que la cosa no tenga remedio para, de hierro, madera o piedra, hacer otra cosa nueva que sustituya a la anterior… ¿Dónde están el caño y las cabezas de carnero que faltan? ¿Quién las arrancó pensando que hacía una gracia? ¿A qué estamos esperando para poner manos a la obra? ¡Qué poco amamos lo nuestro! ¡Así nos va!
Sí, ya sé que nuestra querida Puebla Vieja adolece de muchas cosas…
Y así termina esta historia. Por mi parte poco más. Ahora que estamos con los 100 días de cortesía que, por regla general, le debemos a la nueva corporación; sólo plantear el tema y, más adelante, si tengo ocasión, saludar al nuevo alcalde y, entre col y col, decirle: ¿qué pasa con esto alcalde?
Todavía la cosa tiene solución y, a mi juicio, no es el dinero lo que manda. Piezas así de nuestra historia, la que algún día escribirá alguien, no tienen precio.
Por último; otra apreciación, una anécdota. Sí es verdad que en uno de los lados de la fuente reza una inscripción con el título de: “Militares”. Pero la de “Paisanos”… estoy por verla o porque alguien me diga que, alguna vez, la vio ¿os habíais dado cuenta?
No, no hablo de ninguna mujer, hablo de una fuente: La Fuente de los Cuatro Caños (hoy sólo tres) o también de la Cordera, aunque los animales que flanquean (hoy sólo dos) sus esquinas sean carneros. ¡Curioso! ¿Os habíais fijado? Cosas del pueblo.
Aquella de la que nos dijo M. Basoa (aquí tan citado): “El primer artificio que adornó la salida del agua en la plaza pública fue el aparato de cuatro caños que existe hoy (hablaba de 1932) en el lugar donde estaba la casa y torre de Veléz-Cachupín (se refería a la derribada en 1908 y que se ubicaba en donde hoy está la Plaza de Cachupín y esa pequeña fuente luminosa). Su construcción data del siglo XVIII y estuvo situado en un rincón de la plaza de la Constitución, que forman la primera casa de la izquierda de la calle Ruamayor y la que perteneció a Ruy González Cachupín; a mediados del siglo XIX se colocó frente al palacio Vélez-Cachupín, y más tarde, derribado éste, se situó en su lugar. Es de hierro, con cuatro tazones y tres grandes platos en la parte superior; se la conoce por “La Cordera”, debido a las cuatro cabezas (ya he dicho que quedan dos) que tiene de adorno a los lados de los caños y en las aristas. Cuando la última guerra civil se gravaron dos inscripciones que dicen: “Militares”, “Paisanos”, situadas en los caños opuestos, a fin de regular mejor el servicio”.
Pues sí, parece que el “artificio” tiene su cosa, tiene su historia. Debe ser la única fuente pública que nos queda de aquellos tiempos del cuplé (hubo alguna más), cuando no había agua en las casas y, como es normal, había que ir con el cántaro a la fuente.
No siempre estuvo en el mismo lugar (como relata Basoa). Y así como yo, de niño, la conocí en la Plaza del Mercado (hay fotos), antes estuvo en el solar que dejó el derribo de la casa torre Vélez-Cachupín y, también, en la hoy Plaza de la Constitución donde, curiosamente, además de abastecer de agua a la población, sirvió de “burladero” en aquellas corridas de toros que se organizaban en Laredo, en esa plaza (a falta de otra mejor), hasta 1855 que se abrió la “nueva” carretera de Bilbao. ¡Cuántos toreros habrán salvado su trasero subiéndose, resquilándose, en ella!
Pero la vida es caprichosa y una vez que las casas tuvieron agua corriente en su interior ya no era más que un adorno que, casualidades de la vida, encontró mejor acomodo en la huerta de los Villota o de Los Naranjos, hoy Plaza del Marqués de la Albaida, que toma su nombre de D. José Mª Orense, político liberal, quien fuese presidente de las Cortes hacia 1873.
Y ahí, en esa plaza, continúa y languidece. Aunque, a decir verdad, hace unos años la dio un “buen repaso” la Escuela Taller. ¡Bien por ellos! (Y por el que les mandó).
Ayer pasé por allí y volví a ver lo poco que amamos y cuidamos los laredanos nuestras cosas. Lo que no dejamos que se caiga lo rompemos y, para más INRI, como que esperamos a que la cosa no tenga remedio para, de hierro, madera o piedra, hacer otra cosa nueva que sustituya a la anterior… ¿Dónde están el caño y las cabezas de carnero que faltan? ¿Quién las arrancó pensando que hacía una gracia? ¿A qué estamos esperando para poner manos a la obra? ¡Qué poco amamos lo nuestro! ¡Así nos va!
Sí, ya sé que nuestra querida Puebla Vieja adolece de muchas cosas…
Y así termina esta historia. Por mi parte poco más. Ahora que estamos con los 100 días de cortesía que, por regla general, le debemos a la nueva corporación; sólo plantear el tema y, más adelante, si tengo ocasión, saludar al nuevo alcalde y, entre col y col, decirle: ¿qué pasa con esto alcalde?
Todavía la cosa tiene solución y, a mi juicio, no es el dinero lo que manda. Piezas así de nuestra historia, la que algún día escribirá alguien, no tienen precio.
Por último; otra apreciación, una anécdota. Sí es verdad que en uno de los lados de la fuente reza una inscripción con el título de: “Militares”. Pero la de “Paisanos”… estoy por verla o porque alguien me diga que, alguna vez, la vio ¿os habíais dado cuenta?
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