domingo 17 de julio de 2011

La Puerta (I)


La Historia se escribe de muchas maneras. Hoy, una simple llamada de teléfono puede provocar toda una historia o, más bien, volver a repasar la historia, nuestra historia.

La llamada la recibo la pasada tarde. Una chica que; habitual seguidora de mis textos, con la que guardo una estrecha relación y en la que, también, ha calado ese interés por lo nuestro, estando pitando una carroza en un viejo local, se fija en una pieza de madera descomunal: un tablero de 3,60 X 1,26 mts. El color de la madera es rojiza, vieja, muy sucia, y todavía conserva herrajes y bisagras de un tamaño considerable. ¿Qué será esto y qué pintará aquí? –Se pregunta.

Así las cosas, coge el teléfono y me pega un toque….
-Mira Fernando, que estamos aquí, pintando la carroza y he visto (hemos visto) una especie de “puerta”, enorme, que me gustaría que vinieses a ver y saber qué opinas –Me dijo. ¡Vamos, como si fuera yo un arqueólogo!

Sólo me faltaba saber el lugar y, al día siguiente, la tarde siguiente, tiré para allá cámara en mano. ¿El lugar…? La antigua Tahona.

Efectivamente; una vez allí, entre un montón de “trastos” y apoyada contra un muro, encontré parte de lo que era o había sido un batiente (una hoja) de una antigua puerta. De esas que ya no se estilan y que, además, dada su envergadura, no pudo pertenecer a vivienda alguna a no ser que estuviese ubicada en el exterior.

Curiosamente, la chica y sus compañeros ya habían hecho sus averiguaciones. Habían  andado preguntando, llegando a la conclusión de que la citada pieza provenía (o vino en su día) de la antigua Puerta de S. Lorenzo o Arco de la Calzada. Pero… ¿Podía ser de otra parte?

El hecho de estar, aún y de esa forma, en la “antigua tahona” (antes almacén de la Brigada Municipal), era motivo para sospechar que no estaba allí por casualidad. Una pieza tan pesada y tan grande no la coge un particular para guardarla en su garaje sin más…

Así las cosas; previo repaso visual y un poco de escoba, comencé a hacerle unas fotos mientras charlábamos. Llegando a la conclusión de que, efectivamente, podía provenir de la antigua puerta de S. Lorenzo y, visto lo visto, fui para allá.

Una vez allí volví a repasar mis “apuntes mentales”. La Puerta de S. Lorenzo es una puerta gótica. Formó parte, en su día, de aquellas doce que acompañaban las murallas medievales del siglo XIII. Debió de ser muy importante, dado que estaba fortificada en una especie de torre que en su día tendría almenas, además de centinelas. Además era (o sería) doble. Es decir; una puerta externa de madera o metal (seguramente) que ascendería y bajaría entre las guías de un carril de piedra y, un poco más atrás, otro portón de madera sólida, con dos batientes (dos hojas), dado que todavía quedan restos de su ubicación.

Puerta que; como las demás, se abriría y cerraría, todos los días, a toque de campana con un horario preestablecido y por la que no se podría salir ni entrar, sin salvoconducto, fuera de éste. El que infringía esta ley tenía severos castigos tanto económicos como de cárcel.
Puerta que, en su día, diese lugar a la ermita de S. Lorenzo “el viejo” y al lazareto o leprosería, alejados de la villa. Curiosa historia, que otro día contaré, porque cerca de allí se llegaba a celebrar hasta una feria que luego, en tiempos más cercanos, se trasladó al barrio de S. Lorenzo actual (S. Lorenzo “el Nuevo”)…

Y volviendo con mis pesquisas, intentando hacer de Indiana Jones de pueblo, me puse a mirar. Después saqué un metro y medí la altura de uno de los lados… 3,25 mts. hasta un saliente de la piedra y 20 cms. más hasta tocar el suelo. A continuación pasé a medir el ancho…2, 75 mts. y otros 24 cms. más si contamos un saliente de la piedra (reparación u obra nueva).

¡No puede ser! ¡Algo falla! Si la puerta en cuestión (la que se encuentra en “la antigua tahona”) tiene 1,26 mts. de ancho y la puerta de S. Lorenzo ronda los 3 mts. de ancho, toda, una hoja debería tener (siendo iguales) 1,50 mts. Es decir, me faltaban 25 cmts.
O lo que es lo mismo, las informaciones que me han dado no son correctas. ¡Esa puerta no es de aquí! Otra cosa es que fuese irregular…

Así las cosas, hice memoria… ¿Podría ser de la antigua Puerta Oeste de la iglesia, la de al lado de la casa del Condestable?

Metro en ristre, tiré para allá. Esa puerta tiene, ahora, una reja pero en su día, también, se abría y cerraba con un portón de madera (según cuentan).
Pero no, tampoco, sólo verla me di cuenta de que la cosa se escapaba y por mucho.

La altura de esa puerta viene a tener 4,42 mts. y unos 3 mts. de ancho. Si la altura de la puerta que se encuentra en “la tahona” rondaba los 3,60 mts. ésta se escapa por mucho y tampoco me daba de ancho (1,26 X 2 = 2,52. Me falta casi medio metro para llegar a 3 mts.).

Visto lo visto, mi gozo en un pozo. ¡No puede ser! Esa puerta (la de “la tahona”), aunque antigua, no es tan vieja, no puede llevar siglos en ese “almacén” y, por otro lado, ¿de dónde ha salido? –Pensaba en alto.

Así  las cosas me acordé de la puerta de S. Martín o la Puerta de la  “Blanca”. Poco más me quedaba por mirar…

¡Sí, sí; pero esa, aún, conserva su puerta! –Me dije.

De todas las maneras, como estaba cerca, me acerqué hasta allí.

Y… ¡Oh casualidad! ¡Que sólo tiene una hoja! La del lado izquierdo o derecho, según se mire. Así las cosas, saqué el metro. Según me puse a medir el ancho, la cosa empezó a aclararse: 1,26 mts. Lo mismo me ocurrió con la altura: 3,56 mts. La otra eran 3, 60 mts. Si cuentas los herrajes (además muy parecidos sino iguales) de los ángulos y el perno que se introduce en el muro de piedra, la cosa cuadra. Cuatro centímetros no van a ninguna parte. O el techo o el suelo no son perfectos…

¡La puerta  que reposa en la “antigua tahona” pertenece, sin lugar a dudas, a la Puerta de San Martín! ¡Es una de sus hojas!

El porqué la quitaron y no la han vuelto a reponer es otra historia. Es más, creo recordar que hacia noviembre del 2008 estaba colocada en su sitio (estoy en dudas). Pero no vendría mal dar la voz de alarma, antes de que vaya a parar a alguna fogata de la Noche de S. Juan.

Una vez desvelado el misterio respiré. Sólo recordar (me va en el sueldo) que la Puerta de S. Martín (o de La “Blanca”) es por la que se accedía a la iglesia del mismo nombre, situada extramuros de la villa. Formaba parte, también, de la muralla medieval del siglo XIII que circunda la “Puebla Vieja” (y, luego, el arrabal). Su función especial era la de lugar de encuentro entre el mundo rural y urbano. Era, además, el primer paso aduanero y de control para mercaderes, peregrinos y comerciantes. Poseía una almena en la parte superior (hoy una especie de balcón) que la servía para cumplir su función principal defensiva como una de las puertas principales de la villa.

Es por ello que, según mi modesto criterio, debiese lucir con todo su esplendor. Completa.
Poneros a pensar y veréis que, en este caso, no costaría tanto. ¡Ya sabemos dónde está la puerta (la hoja) que falta!

2 comentarios:

  1. Me lo he leído enterito, Fernando. De todas estas elucubraciones nacen las realidades históricas. La historia, para mí, no son sólo datos contrastados, sino pareceres, evidencias, realidades sin respuesta a veces, con las que acercarse a una realidad que en muchas ocasiones no es posible determinar, pero son indicadores muy ricos sobre las existencias. Enhorabuena. Y te diría más comparado con la música: Una partitura cuya interpretación es "auténtica" dista mucho de ser la mejor interpretación. Porque quien la interpreta puede incluso hacerlo mejor que quien la compone, y dependerá de estados de ánimo, en cada momento, cuando se le sacará el mejor jugo. La historia es la determinación de la realidad con los vestigios que encontramos, pueden ser directos (contados por sus propios protagonistas -léase Bellum Civilis de Julio César - o sacados de comentarios, siempre a riesgo de ser subjetivos, o señales concretas o no. Luego está la adaptación de los datos a las costumbres y usos (como bien indicas sobre las penas posibles y guarda de la Villa), de la Geografía, de la Política, Sociología y otras ciencias que nunca están aisladas sino que componen un todo sobre el entorno histórico. Gracias por aportarnos continuamente todos estos detalles que muchos "historiadores" dejarían de lado hasta no tener la fiabilidad completa. Ellos se lo pierden. Mejor, nosotros nos lo perderíamos.

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  2. ¡Gracias, Jesús, por tu comentario! Además, es de esos que agradeces porque hay veces que sientes qué, más allá del libro que tienes entre manos o el ordenador..., ¡no hay nada!
    ¡Ya sé que no es verdad!

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