jueves 16 de junio de 2011

San Antonio


Quería hablar, un momento, de San Antonío de Padua, del “protagonista” de la fiesta del pasado lunes, día 13, y de la que se dio puntual noticia en la web de  deLaredu Lin.

San Antonio nació en Portugal, pero adquirió el apellido por el que lo conoce el mundo, de la ciudad italiana de Padua, donde murió y donde todavía se veneran sus reliquias.

Estuvo predicando en varias partes de la Romagna, una región que, por entonces, abarcaba toda la Lombardía (Italia). Y su fama se debe, entre otras cosas, a que en una ocasión, cuando los herejes de Rímini le impedían ir al pueblo para acudir a sus sermones, San Antonio se fue a la orilla del mar y empezó a gritar: “Oigan la palabra de Dios, Uds. los pececillos del mar, ya que los pecadores de la tierra no la quieren escuchar".  A su llamada acudieron miles y miles de peces que sacudían la cabeza en señal de aprobación.  Aquel milagro se conoció y conmovió a la ciudad, por lo que los herejes tuvieron que ceder y dejarle en paz.

¡Curioso! Porque los peces sí se sintieron conmovidos por sus palabras y en grandes bancos subían a la superficie, dando saltos, pasa mejor escuchar las palabras de aquel hombre.

Así; por San Antonio y sus peces, los laredanos, siempre gentes del mar, siempre pueblo pescador- tal vez, más antes que ahora- buscaron en su figura (S. Antonio) a su santo protector, su copatrono. Le rezaban, a él se encomendaban y le sacaban en procesión por aquel Laredo que no tenía, entonces, edificaciones en altura, salvando la Puebla Vieja, en donde, ya pronto, se veía el mar.
E igual que a la Soledad, llegando a la intersección de lo que hoy es la Plaza de Cachupín, giraban su figura, su estatua de madera, haciéndola divisar el mar, como señal o conjuro propiciatorio para unas buenas costeras.

Pero la vida da vueltas. Me olvidé de San Martín. Sí, San Martín (la cofradía de pescadores más antigua de España) que siempre fue la seña de identidad de Laredo en lo que a las faenas del mar se refiere y aunque S. Martín fuese francés, pues… nunca nos importó.

Bueno, no importó hasta que la cofradía decidió comenzar a construir, a armar, sus propios barcos. Barcos que pasarían a ser propiedad de la cofradía o propiedad de todos sus integrantes y no de un patrón o un armador. Barcos en los que el reparto de la venta de las capturas sería equitativo e igual para todos, barcos que llevarían por nombres: Pósíto 1, Pósito 2, Pósito 3, etc.

Esta iniciativa parece ser que encolerizó a los antiguos armadores. Propietarios de navíos que se llevaban mayor parte en el reparto de la pesca y, por lo tanto, de las ganancias de aquello que se pescaba.
Así las cosas, viéndose agraviados, un día decidieron abandonar la histórica cofradía (S. Martín) y fundar la suya propia a la cual pondrían el nombre de S. Pedro (me dicen).

Y mientras, en medio de todos estos acotamientos, los pescadores laredanos, sobre todo los tripulantes de aquellos pósitos, siguieron festejando (además de a S. Martín) y sacando en procesión a su querido S. Antonio, todos los 13 de junio, que por tener devoción, tiene hasta un barrio en Laredo.

Pero la vida da vueltas. Llegó la Guerra Civil, llegaron tiempos convulsos, y fue (según me cuentan) después de aquella horrible contienda cuando los vencedores y, entre ellos, aquellos que habían abandonado la Cofradía de San Martín y que fundaron la de S. Pedro, cuando, dando un golpe de timón, se hicieron de nuevo con el control de la antigua cofradía (S. Martín), retornando a ella, y dejando languidecer y desaparecer los pósitos y la festividad de S. Antonio, procesión incluida. El santo cayó en desuso y la carcoma llegó hasta a “amputarle” un brazo (aunque dicen que fue algo hecho a posta).

Así las cosas, quedó guardado en el Convento de S. Francisco hasta que, no hace mucho, se le llevó a “reparar” al taller de Lydia Quevedo (Línea 28), de Santander.  Y de allí ha venido compuesto pero sin novia (que se suele decir) y… ¡Mira que habrá  escuchado peticiones!

Y es por eso que se le ha recibido con cámaras de fotos (yo estaba allí), se han hecho postales y, entre otras cosas, se ha celebrado misa como si de un festivo solemne se tratase (“Las Panchoneras” y “Fonso”, estuvieron allí). Es verdad que no ha habido procesión ni “mucho bombo”, pero la historia es tozuda y, como Avón, llama de tarde en tarde a la puerta. S. Atonio esta, otra vez, de actualidad.

Esta es la historia, así me la contaron y así os la cuento… ¡Gracias por vuestro tiempo!

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada