domingo 16 de enero de 2011

Un hombre llamado M. Basoa...

A estas alturas y después de haberle nombrado tanto, aquí y allá, en casi todos mis textos y, también, por la gran mayoría de los historiadores que sobre Laredo han escrito y por curiosos y aficionados… Hoy vengo a presentar, cual historia nueva, parte de la vida y milagros de don Maximino Basoa Ojeda.

Ya hace un par de años que  “a partir de la entrada en vigor  de la  LEY 52/2007, de 26 de diciembre (…)”; más comúnmente conocida como “Ley de Memoria Histórica”, se cambió la nomenclatura de muchas calles de Laredo. Entre ellas, y entre las 20 últimas, le tocó a la calle Cuartel de Simancas que mudó de nombre por el de Maximino Basoa Ojeda. ¿Cuál fue la causa? ¿Cuáles los méritos? Pues entre otros, el haber sido el cronista “oficioso” de aquel Laredo que tenía muy olvidada su historia y que en el año 1932 reverdecería con la aparición de aquel curioso libro –hoy difícil de encontrar- titulado: “Laredo en mi espejo”, inspirado en aquella compilación de papeles y legajos que descansaron en un cuartucho de nuestro “viejo ayuntamiento” hasta el 19 de febrero de 1969 –el Archivo Histórico- fecha en que fueron trasladados, en calidad de “depósito”, a Santander para su “mejor cuidado y conservación” y que, seguramente, “nunca” volverán.

Papeles y legajos a los cuales tuvo acceso nuestro querido Basoa y de los que leyó, revolvió y tomó gran cantidad de notas, enfundado en una especie de guardapolvo o blusón, pasando las horas muertas en busca de aquellos datos de nuestra historia, de nuestro pasado, de nuestras raíces y también de las suyas, porque Maximino era laredano y descendiente lejano, según me contó su nieta Teresa Escudero Basoa, de aquellos Cachopines, hidalga estirpe, que se nombran en el Quijote.

Día tras día, rato tras rato, Maximino fue tomando montones de notas que luego iría ordenando y elaborando en su casa. Montones de datos que un día verían la luz en forma de libro –Laredo en mi espejo- y que, para más honra, habrá que decir que hasta nuestro Rey Don Juan Carlos I tiene un ejemplar en su casa, regalo de la Corporación Municipal en su visita a Laredo aquel 2 de julio de 1984, especialmente encuadernado para la ocasión...

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