lunes 9 de noviembre de 2009

Una iniciativa ciudadana

No hay más que darse una vuelta por la calle Espíritu Santo para ver como una iniciativa ciudadana puede convertir algo, más o menos “corriente”, en decoroso, bonito y digno.
Había oído hablar, y de hecho vino en la prensa, que los vecinos de las calles Espíritu Santo (y parte del Tinaco), habían emprendido, de la mano de Montse y Santi, la labor de “adecentar”, dar brillo y esplendor, a tan emblemáticas calles -por cierto, recién pavimentadas y peatonalizadas-. Tan así, que parecía haber –inicialmente- como una especie de “desencuentro” entre las casas y la calzada. Y ese parece ser, entre otras cosas, el detonante de la iniciativa.
Así que allí me fui con ánimo de investigar y, según llegué, me encontré a Montse Villanueva, subida en una escalera, colocando unos tiestos con flores en un balcón.
Entonces, ni corto ni perezoso, le pedí me diese “algo” escrito comentándome esta iniciativa y, antes de seguir con mis opiniones, aquí os lo transcribo con alguna matización:

El Colectivo de Vecinos de la Calle Espíritu Santo de Laredo, ha propuesto a sus moradores una iniciativa para el pintado y embellecimiento de nuestra calle, con el fin de que sea la “mejor” del casco viejo y que, en un futuro, sea reconocida como tal, gracias al esfuerzo y sensibilidad de los que en ella habitamos. Para ello, solicitamos una aportación (única) de 3 € por vecino, para la compra de pintura, esmaltes, realización de pequeños arreglos, macetas, flores, etc., mientras que la “mano de obra” va por cuenta de - también- vecinos y voluntarios.

Esto se plantea el día 1 de octubre de 2009 y, a día de hoy (9 de noviembre), la calle está, prácticamente, “saneada”. Se han pintado puertas, portales, forjas, balcones, fachadas con trampantojos, tubos, bajantes de agua y se ha “camuflado” el cableado de las fachadas (que debería estar soterrado) con pintura (acorde a la fachada del edificio en cuestión).
Todo esto es lo hecho hasta ahora y quedarían por limpiar dos arcos de piedra ubicados cerca de las escaleras de la Puerta de San Lorenzo.

La última actuación será la colocación de flores, en los balcones, para lograr el embellecimiento de estas balconadas centenarias…
Gracias a la nueva pavimentación, el aspecto general de la rua es bastante aceptable (más que el anterior), teniendo en cuenta que estamos en un circuito magnifico para visitar: Capilla del Espíritu Santo, Casa de Hernando de Alvarado, Hospital del Sanctí Spíritus y Puerta de San Lorenzo (o Puerta de Bilbao)…

Deseamos, con esta iniciativa, mantener (entre todos) y poner en valor nuestro patrimonio y agradecemos la colaboración de los vecinos y de otras personas que han ayudado a la compra de los materiales a utilizar y, finalmente, al ayuntamiento por la colocación de dos papeleras de forja (que hemos pedido) con el escudo de Laredo incrustado.

Por último y después de esto, sólo nos queda invitar a todos los laredanos y visitantes a pasear por nuestra calle…”

El Colectivo de la Calle Espíritu Santo.

Loable iniciativa la de Montse, Santi y los demás vecinos que, con un presupuesto tan exiguo y su trabajo, están realizando lo que para otros es casi “misión imposible”. Para colmo, cuentan las “malas lenguas”, que la cosa ha levantado alguna que otra ampolla (con papeleras y todo) en la “casa de todos”, tal vez, por afear –sin mala intención- la conducta de los responsables de estas cosas ya que “la medalla” se la “cuelgan”, por méritos propios, los vecinos (su iniciativa) y dejan al aire, una vez más, la “pasividad” que corre, con estos y con otros temas, por los pasillos de la casa consistorial.

Esperemos que iniciativas así sean como la gripe. Que se peguen y se “transmitan” de rua en rua, de calle en calle, hasta el “final”.

Por ultimo, es una pena lo del “soterramiento” de los cables de luz y teléfono (que está pendiente sine die) y, ahora se nos une al “entuerto” un montón de cajas de contadores de gas (ya he visto una “grande” -pintada- en la Casa de los Alvarado) y de tubos que recorren (o recorrerán) cual raíles de tren por llanura, todo rectos, las nobles (y menos nobles) fachadas de las casas de la “ciudadela”. Pero eso es algo que no entiendo, porque si las empresas “gasísticas” (o petroleras) tienen algo es dinero que, más pronto o más tarde, recae en el suministro y en el bolsillo del ciudadano, ¡que menos que hacer las cosas con el máximo decoro, más tratándose de tan singular enclave!

Termino felicitado a Montse, Santi (perdonad si omito algún nombre) y a todos los vecinos de la calle Espíritu santo por su iniciativa, ilusión e “imaginación” en pro de un Laredo mejor. Como en aquel Mayo del 68 que no conocí: ¡La “imaginación” al poder! de nuevo.

domingo 1 de noviembre de 2009

La Peste


Hoy volvemos con cosas curiosas, de nuestra historia, que… tanto me gustan…

Hay en la historia acontecimientos que marcan la vida de un pueblo, una villa o una ciudad. A veces una fiesta, a veces un incendio…

Así ocurrió con la peste en Laredo (y en media Europa). De no ser por la peste; los franciscanos de Barrieta, seguramente, no se hubiesen establecido, nunca, en Laredo. De no ser por la peste (y también por la lepra) San Lorenzo (el santo que da nombre a un barrio: el “viejo” en el camino de las Cárcobas y luego el “nuevo” en lo que era la "salida" de Laredo) y su hospital, no hubiesen sido un referente de la historia de Laredo, además, de llegar a ser (el santo) nombrado copatrono de la villa. De no ser por la peste, San Roque no sería, también, fiesta y copatrono (el tercero) de Laredo.

La peste sí, esa “maldita” enfermedad introducida por la pulga de la rata, las malas condiciones higiénicas y el hacinamiento de la gente en las ciudades y en las casas, ha sido la protagonista de la historia de nuestra villa largas temporadas, a veces, años.
Tan así, que yo tengo documentadas varias:
.Año 1.348 >Una peste de alcance europeo asola la Villa. No tengo más datos.
.Año 1.568 >De nuevo la peste castiga la Villa. “Felipe V confirmó por real despacho de 10 de noviembre de 1706 el privilegio otorgado por Felipe II, para celebrar anualmente el día de San Roque, una corrida de toros, en fuerza del voto que la villa y su vecindario hizo en 1569, al cesar la peste de 1568 el día mismo de San Roque”. Curioso, esta peste aparece a primeros de junio de 1568 (es cuando bajan los franciscanos de Barrieta para celebrar los funerales de las víctimas- aquí no quedaron ni curas para enterrar- y ya se quedan en la villa, con tan mala suerte que de una docena de frailes sólo se salvó un novicio) y se irá (la peste) el día de San Roque -16 de agosto- de 1569, justo después de la fiesta de la patrona de Laredo –la Asunción- y, por eso, se le declarará, a San Roque, santo protector de la villa y copatrono. Hoy, popularmente, fiesta de la “marmita”, aunque la gente desconozca su origen.
.Año 1.597 >Vuelve la peste a la Villa. “Sale gente de la villa huyendo de la peste, entre ellas Bárbara Blomberg que yendo a Ambrosero, allí muere…” (Basoa).
Y por ultimo, hay una peste en 1.629, que cita Basoa, pero de la que no tengo más datos.

Como podéis ver, fue uno de los azotes de villas y ciudades, como ya he citado, origen de enfermedad y acontecimientos que marcaron los lugares por donde pasó, dejándonos , a día de hoy “algún recuerdo” de su visita. De ahí que nuestras iglesias de Sta. María y la de San Francisco, tengan “todo” el pavimento lleno de sepulturas (se enterraba a los cadáveres con mortaja, arena y cal –medicina preventiva que no servía de mucho-). Este hecho obligó a tener que celebrar las misas en los pórticos (de mal olor interior) y, por otro lado, a buscar remedios y medicinas de lo más “singular”, así que no os asustéis de lo que os voy a contar para terminar (remedios fruto de la ignorancia y algo más).

"Los 'buenos' médicos de aquellas épocas mandaban tomar píldoras, cada día o los más días, de está manera: Áloe secotrí (de Socotora) fino, dos partes; mirra y azafrán, una parte de cada uno, molido y amasado con agua rosada, hecho granos chicos o mayores; tomando dellos peso de un cornado, o más bien si se quiere, cada mañana, bebiendo encima un buen trago de vino".
Otros recetaban: "bolaménico bebido con vinagre aguado o vino blanco aguado, algunas mañanas, hasta el peso de una cornada cada vegada. El mejor de este bolarménico es el sellado, que viene señalado de sello y, finalmente, es cosa dudosa si acertarán en lo bueno. Y échanlo que remoje en el agua que hubieren que beber en tiempo de pestilencia…" (A ver quién entiende esta receta por escrita que te la den).

Pero lo más curioso es lo de la “refinitiva”: "Otros tuvieron la misma seguranza bebiendo de sus mismas orinas cada uno, algunas mañanazas, cuanto cabe en las manos. Y que no sea de lo primero que saliere ni de lo postrimero, salvo de lo medio, cuando orinare". (¡Vamos!, como lo que llevamos, hoy por hoy, a analizar).

A esto había que añadir: "una vida de paciencia, humildad con la voluntad del Señor, con claros y santos pensamientos y con obras purgadas de todo pecado", y una alimentación de la que hablaremos otro día. Menos mal que, años después, se inventó el microscopio y ya sabéis lo que pasó… ¿No?

Con esto hoy termino. Acabamos de dejar el día de “Todos los Santos” (mañana difuntos) y, para otros, Halloween. Y, aprovechando que ha sido día de “cementerios”, nunca viene mal una receta contra la enfermedad y una reflexión sobre una de las causas de que “aquello” (sobre todo el sótano de la iglesia) esté tan lleno y con ese olor a humedad tan penetrante y característico. ¡Decídmelo a mí!

Creo que aquí os he desvelado, de nuevo, algún que otro secreto.

lunes 26 de octubre de 2009

Yo he venido aquí a hablar de mi libro…



Nunca lo hubiera pensado, ¡la “guerra” que da editar un libro!

Todo nace con la Asociación de Patrimonio y ese compromiso por sacar (aunque sólo fuese una al año), una publicación. No hemos llegado a ello, pero habíamos pensado en una “revista” que recogiese un resumen de charlas, conferencias, visitas y algún artículo de más calado, pero cada vez se nos hacía más difícil. La gente empieza estas cosas con muchas ganas pero…, poco a poco, vas viendo que te conviertes en el “hombre orquesta” (no creo que haya que matizar más) siempre los mismos y con tantos temas: desde la vida familiar hasta pegar los carteles de charlas y visitas (aparte de organizarlas), pero se suele decir que: “Sarna con gusto…”.

Y en eso que nos llega una subvención de Cultura. No llegaba a los 3.000 € y era, casualmente, por hacer “visitas guiadas”. Bueno, al final, la pérdida de voz (la mía sobretodo) tiene una pequeña recompensa. El tema es que había que “gastar” ese dinero (con factura) antes de acabar el año y he ahí que a José Miguel se le ocurrió, partiendo la idea de un libro editado en Castro, hacer nosotros uno también (el primero). Un guiño a la nostalgia, a ese patrimonio perdido que, tal vez, se pudiese haber salvado. A esa historia que, piedra a piedra, adoquín a adoquín, se va perdiendo. Y así comenzamos a revolver en ordenadores y cajones y a buscar viejas fotografías; las nuestras y las de todo aquel que, “buenamente,” quisiera colaborar en el proyecto. La inspiración nos la daba el año 2.008, porque en 1.908 se derribó la “emblemática” casa – torre Vélez Cachupín (una pena y portada de nuestro libro) y habían pasado 100 años... Mágica cifra.

La primera cuestión, entonces, fue buscar fotos antiguas y hacer una selección, repartirlas por “sectores” o zonas y, una vez identificada la zona y el inmueble, recopilar información con la que elaborar el texto.
Se dijo, desde un principio, que todas las fotos tenían que tener un comentario de siete líneas (una arriba, una abajo) para no “cansar”, así la foto es la que manda.
Pero, lo de siempre… de algunas podíamos escribir una página mientras, de otras, dos líneas (primer escollo), así que había que compensar.

Luego están las exigencias del libro y de la editorial. La calidad de la foto tiene que ser la máxima (muy difícil con fotos viejas), había que tener claro que la cosa iba en blanco y negro (además es más barato) aunque tuviésemos alguna foto en color y, así y todo, habría que ver la prueba final: tal vez, tendríamos que quitar, añadir o cambiar (como pasó).

Los comienzos fueron muy simples. En ratos “robados”; reunidos Montes, Rufo y yo, delante de un ordenador, íbamos pasando, una a una, cada fotografía y comentándola. De ese comentario (a veces jocoso) pasábamos a redactar con “Word” unas líneas, sabiendo de antemano, que luego habría que repasar, cambiar y modificar muchas cosas. Cada uno daba una opinión y lo que no estaba claro se buscaba, rápidamente, en un libro. Teníamos la ventaja de que los allí presentes habíamos manejado mucha información y, más o menos, sabíamos dónde buscar.
Así, tarde tras tarde (frías tardes de invierno, recuerdo), poniéndonos los “3 tenores” de acuerdo con antelación, nos sentábamos alrededor del ordenador y los tres mirando las fotos, íbamos comentando los mil y un pensamientos, mil y un recuerdos (Rufo y Montes más que yo ¡claro!) para terminar redactando las pactadas siete u ocho líneas.
A veces nos pasábamos y luego había, todo aquello, que resumirlo y recomponerlo. Poco a poco, los textos se iban “guardando” en el papel y la “cosa” iba cogiendo forma.

A mi me hubiese gustado explayarme en algunos temas, pero no era el caso. Por otro lado estaba en desventaja: no haber vivido aquí (en el centro) y el tema de la edad, me dejaban en “desigual condición”. ¡Bendita ella! ¡Lo que he aprendido! La cuestión de mi “ignorancia” quedó salvada por la memoria y las vivencias de Montes y Rufo, además, de algún documento de los que ambos “atesoran”.

Y de vez en cuando (cuando el hombre podía), venía José Miguel, nos traía alguna cosa (foto, idea, boceto, documento) y recogía la labor hecha que tendría que repasar. Nos contaba las mil y una peripecias y problemas que había que solucionar y se llevaba el trabajo para ir dándole “la forma” final (todo ese tema ha corrido de su cuenta).

Así, tarde tras tarde, acabamos con un montón de folios mecanografiados que luego había que “casar” con las correspondientes fotos (más de 300), dar forma y presentar en el futuro libro: nuestro objetivo.

Para acabar, había cosas con las que no habíamos contado inmersos en las fotos y la redacción, no nos dimos cuenta de que había que solicitar y añadir un “saluda” del Consejero de Cultura (para algo dan la subvención) y los mil problemas de la “calidad” de las fotos que hubo que retocar o que remplazar por otras y ¡claro! modificar el texto, así como la cuestión “económica”, pues con la subvención no nos iba a llegar ni para “regalar” un libro a cada socio. Así que José Miguel tuvo ahí, un poco, de trabajo “extra”, que creo ha solventado bien (de ahí los retrasos).

Así las cosas han pasado cerca de nueve meses (todo un embarazo) que acabará, si Dios quiere, “felizmente” el próximo 29 a las 8 de la tarde en el Centro Cultural Dr. Velasco donde, además, os contaremos más cosas.

El título del libro es: Laredo 1908 – 2008. Patrimonio Desaparecido. Cien Años, Cien Edificios (199 páginas y más de 300 ilustraciones). ¡Espero que os guste!

martes 20 de octubre de 2009

Gas


Hace unos días recibí una llamada telefónica, de la Cadena Ser, para preguntarme (como miembro de la Asociación de Amigos del Patrimonio) mi (nuestra) opinión sobre el comienzo de las obras de la instalación de la “red de gas” en la Puebla Vieja.

De entrada les dije que yo no estaba informado, que nuestra “Asociación” no ha sido informada (tampoco) más allá de los “apuntes” o notas de prensa y que, por otro lado, ni yo ni nadie de la Asociación (eso que quede claro) estamos en contra de que los moradores de la Puebla Vieja puedan disfrutar de calefacción y agua caliente como todo el mundo. Otra cosa es la forma de plantear y llevar a cabo las obras y el resultado final de estas. Y ahí voy.

Hace unos días, os comentaba en este “blog” la curiosa historia de los adoquines “azules” de nuestras “viejas ruas”. Y, curiosamente, por ahí van los tiros…

Han comenzado a “romper”, para hacer la zanja por donde han de ir los tubos, en la calle Ruayusera y, justamente, en la zona de adoquines (azules) que, por desgracia, no tienen repuesto.

Me comentan que no se han levantado las losas planas de granito (laterales), ideales para soterrar tubos, porque las zanjas han de tener unos 80 cms. de profundidad, y ¡claro! los técnicos tienen miedo a “trastocar” los cimientos de cualquiera de las casas (con mucho juicio).

Así las cosas, la otra solución es “romper” con "martillo mecánico" los adoquines –alejándose así de los muros- pero con el problema de que no tienen recambio. Es decir, todo adoquín roto tiene que ser repuesto por otro totalmente diferente, creándose así un “parcheado” (final), inevitable, de nuestras “viejas ruas” (a no ser que vuelvan a pavimentarlas completamente).

Cuando, todavía, no nos hemos hecho a la idea de cómo va a quedar la Plaza de la Constitución y, sin embargo, el malestar es patente; ahora (y Javi así lo vaticinó) continua el desaguisado, calle arriba, por el único “Conjunto Histórico Artístico de la Región”.

Seguimos en la senda del “circo”: ¡Más difícil todavía!, a lo que podíamos añadir: ¡Increíble!

A este paso tendremos las “viejas ruas” “parcheadas” y quedaría por ver cómo se van a “camuflar” los tubos del gas por las fachadas y muros de tan “nobles” edificios… si es que se puede. La mezcla de tubos, cables (luz, teléfono), tendales y luminosos, darán un toque “Art Nouveau” que nunca hubiésemos imaginado en tan “vetusto” enclave.

No entiendo nada. Y, por el bien de todos y, sobre todo, de nuestra Puebla Vieja, desde aquí pido un replanteamiento del tema y un “ataque de cordura” a quién corresponda.

La cosa no ha hecho más que empezar.

lunes 19 de octubre de 2009

Humilde viene del latín

A propósito de la "entrada" de Javier en la web de Laredu Lin, avisando de que yo soy "incapaz" de vivir así...

Humilde viene del latín “Humus”: suelo, tierra, en el suelo.
Por otra parte, la palabra en nuestro diccionario viene contemplada así: que tiene humildad, dicho de una cosa baja (de poca altura), que vive modestamente.

Yo creo que ahí está el “quid” de la cuestión. Me pasa muchas veces al hablar de la iglesia, de su historia, de su edificación. La gente de la Edad Media no tenía grandes adelantos, ni condiciones de vida muy prósperas y saludables. Todavía no se había inventado el término “vacaciones”, la cultura era escasa y lo más importante era poder comer día a día y resistir.
Las pretensiones de aquella gente; sus mayores anhelos, era ganarse la “vida eterna”, si no mal negocio habían hecho pasando unos años (no muchos cuando aquello) por esta. La enfermedad, el hambre y la muerte, estaba tan de moda como la música de “Beyonce” hoy en día.
Y la gente era tan “pobre” (en su mayoría) que “todo” se lo tenían que pedir a Dios, desde una buena “cosecha” hasta una buena “salud”.
La esperanza en esa “vida eterna” era un consuelo y el Cristianismo su código ético (además de un montón de normas que nadie sabía, a ciencia cierta, de donde salían).
Así, la gente se refugiaba en la oración y en pedirle al Cielo un poco de “todo”.

Nada que ver con el mundo actual. Los adelantos científicos y técnicos, esa “potenciación” y desarrollo del “espíritu” del hombre por parte del Creador (esa inteligencia que nos dio), nos ha llevado muchos siglos atrás, a aquellos tiempos en que “si te comías una manzana, tal vez, serías como Dios”. Y eso nos llevó (y nos sigue llevando) al “desastre” ¿Cuántas manzanas nos hemos comido ya? Tantas que si humilde viene de “humus”, ninguno (o muy pocos), tiene los pies en la tierra.

¡Una pena! Hemos pasado del “Ser” (bueno, inteligente, valeroso, trabajador, honrado, etc.) al “Tener” (un chalet, un BMW, un buen trabajo, una buena ropa, un buen reloj, dinero, dinero, dinero, etc.), sin más códigos. Y, ¡claro!, alguno ha perdido el Norte y nuestra sociedad lo acusa: paro, incompetencia, picaresca, mentiras, desigualdad, problemas sociales, etc.; que no son más que la consecuencia de los “nutrientes” con que alimentamos nuestra vida (física y química –muy al caso-).

Para acabar. Yo tengo la casa llena de cosas (de todo) y, cada vez, acumulo más. Hace ya tiempo que “me olvidé de vivir” (como dice la canción) y, de vez en cuando, no me viene mal mirar hacia “aquel edificio del siglo XVI”, donde se está cayendo el tejado, donde viven doce (creo) “almas de Dios” y, todos los días, piden por ti y por mi y, por que Dios nos ayude y esto cambie. Cambiemos “todos” un poquito, pongamos los pies en la tierra (humus) y comencemos a preocuparnos primero, por nosotros (como personas) y luego, un poco más por los demás. Si esto fuese algo “generalizado” en poco tiempo la “cosecha” sería buena (mejor que ahora) y “los frutos” más “dulces” y saludables. Todo lo demás será trabajar en pro del “sálvese quien pueda” o “el último puchi”. Lo malo es cuando ese “último” seas tú.

No encuentro mayor argumento para “justificar” (para mi) esa vida de “renuncia” y busca de la... “santidad”.

domingo 11 de octubre de 2009

Volcanes, adoquines y canteras


Ahora que Laredo está envuelto en la espuma de la cerveza, os voy a cambiar de “líquido” llevándoos a otro más ardiente y viscoso…

Sabíais que nuestra Puebla Vieja se construyó sobre una serie de “rocas subvolcánicas” (Ofitas)* que conforman lo que hoy es nuestra Atalaya y las “viejas ruas”. Pues esto nos lo contaron en una charla sobre las “Dunas de Laredo” organizada por la “Asociación de Amigos del Patrimonio…”.
Curioso, si observáis una fotografía aérea (una postal), veréis cómo el Monte del Rastrillar “rompe” la línea de costa para penetrar, un poco más, en el mar (hacia el Norte). Al Sur, en la falda del monte se emplazaría, hace muchos años, Laredo.
Por otro lado, recordar que ya nos dijo M. Basoa (en su singular “Guía de Laredo”) que de “roca ofita”estaba formada la desaparecida “península de la Taleta” (en la hoy calle López Seña).

Antaño las “viejas ruas” eran de tierra, nada más. Cuando llovía aquello era un barrizal y no os digo nada si, además, se tiraban las “aguas” y los “sólidos” de los orinales por la ventana… ¡Agua va! Así que luego se empezaron a pavimentar (empedrar o enlosar).
Sobre este asunto comentar que la primera calle que se enlosó fue la Rua Mayor, luego las demás.
Datos históricos nos cuentan que en la Edad Moderna los “regimientos” se ocuparon de empedrar y mantener la pavimentación de sus calles principales, para eliminar el polvo y el barro, que en ellas había, mejorando así el paso de los vecinos.
A principios del siglo XVI, Laredo tenía empedrada la Rua Mayor y a lo largo de aquel siglo los canteros: Juanes, Martín de Ochoa y los empedradores Juan de Avellaneda y Francisco Hortecho, pavimentaron algunas calles y plazas. Junto con las obras de pavimentación, los vecinos tenían la obligación de cuidar la acera y parte de la calzada sita delante de sus casas. Así se recoge en las ordenanzas y decretos de la villa de Laredo donde se ordenaba que los vecinos “hagan las aceras los sabados…”
Y esto lo leí en una “Tesis doctoral” de una conocida: Mª Eugenia Escudero.

Las calles que hoy caminamos son una remodelación de los años 70 dirigida por el, entonces, arquitecto municipal don Miguel Ángel Montes.
No me voy a parar a hablar de las obras, pero sí en desvelaros el “misterio” de esos “adoquines” con tonos azules, tan curiosos, que podemos observar repartidos por la Puebla Vieja y el Arrabal. A veces juntos, otras intercalados.

Ese “azulón” tiene su explicación aunque nunca nos hayamos detenido a pensarlo porque, en realidad, no son piedras de ninguna cantera cercana o lejana, sino que se trata de “adoquines” hechos en moldes; canteados y fabricados, en su día, con escoria (desechos) de mineral (hierro, siderita, malaquita, pirita, etc.) de las fundiciones de Vizcaya (de ahí su tono azulón). Es una especie de “subproducto” para aprovechar todos los “residuos” de mineral –una forma de reciclaje, ¡curioso!, tan de moda ahora- de las fundiciones vizcaínas (mayoritariamente). Se fundían los residuos de mineral, en moldes, dándoles forma de adoquín que terminaban –como es nuestro caso- utilizándose para pavimentar calles, etc. Una forma ecológica y productiva de reutilización de materiales de desecho.
El resto de los adoquines de las calles, en su mayoría, quitando las losas planas (grandes) de ambos márgenes de la calle–que son de granito-, se trataría de rocas calizas.
Y esto me lo contó: Montes.

Para acabar. Hubo quién me preguntó, una vez ¿de dónde venía (de qué cantera) la piedra “arenisca” que se empleó en la construcción de Sta. María? Pues, todavía, no lo sé. Curiosamente, las canteras que hubo aquí –en Laredo, zona de la antigua alhóndiga o detrás de la piscina municipal- o las de Montehano, Carasa, el Brusco, etc., no son de roca “arenisca”, con lo que tuvieron que venir (las piedras) de más lejos.
Sé que hay -hubo- canteras de “arenisca” por Silos (Burgos), Aguilar de Campoo (Palencia), León o Valladolid –que pilla mucho más lejos, con el consiguiente “coste” de extracción y, sobre todo, transporte-, así que cuando tenga algún dato, fiable, ¡ya os lo contaré!

Y termino con otro “secreto”. En el garaje de mi casa guardo con mucho “mimo” un “adoquín azul” que encontré tirado, en el pórtico de S. Francisco, después de unas obras.
Para que veáis hasta que punto “engancha” esta “cosa” que, cualquier día, tendré de dejar u olvidar por necesidad.
Diréis que estoy “loco” pues… lo más curioso es que Montes tiene otro. Una especie de “trofeo” como el del ciclista que gana la París - Roubaix.


*Ofitas: rocas subvolcanicas que se forman bajo la superficie de la Tierra, en condiciones de baja presión y temperatura moderada, lo que hace que su enfriamiento sea rápido, dando lugar a rocas ligeras.

domingo 4 de octubre de 2009

¡Adiós! Con el corazón…


El otro día recibí una llamada. Era don Romualdo convocándome a una reunión, en su despacho (que me voy a tomar la “licencia” de comentar), con los demás miembros de la Junta de Patrimonio Monumental y Arte Religioso de Santa María de Laredo. A saber: El párroco, Montes, Rufo, Pedro Rasines y su esposa Griselda (que no estuvo) y, por último, yo.

El tema: el amigo Pedro quería mostrarnos (para mi por primera y, tal vez, última vez) algunos de los hallazgos arqueológicos encontrados en las “excavaciones” llevadas a cabo en nuestra iglesia en los años 1.991 (zona Norte) y 1.996 (zona Sur, junto a la puerta), sobre las que ya nos dio una charla con diapositivas, en la Casa de Cultura, no hace mucho.

La razón era muy simple. Dieciocho años después, había sido conminado de manera “urgente” para entregarlos “definitivamente” en Santander, donde se pensará ¿qué hacer con ellos? ¿Dónde exponerlos?

Curiosamente, en Laredo NO (simplemente porque, todavía, no hay lugar. Lo que no quita para que sigan aquí –supongo-).

Y allí, en el despacho parroquial, en la oscuridad de las primeras horas de la noche, Pedro fue sacando, de unas cajas de cartón, un montón de “cositas” que son parte de nuestra historia -¿Qué os voy a contar yo?-.

Tuve en mi mano (y no os podéis imaginar lo “privilegiado” que fui) varios Cristos de terracota (reconstruidos) de los siglos XV y XVII, un plato cerámico decorado en azul cobalto (también reconstruido), una Virgen con Niño ( S. XVII, también en terracota), una especie de “cuentagotas” metálicos (tapas), muy antiguos, pertenecientes a “viejas” crismeras y una moneda de cobre, de cuatro maravedís, de tiempos de Felipe III (todo ello estaba muy bien empaquetado, datado y etiquetado).

Y todo ello, también, iba pasando –con sumo cuidado- de mano en mano, entre los allí presentes, comentando sus peculiaridades y, a su vez, “maldiciendo” nuestra suerte.

Sabemos de sobra que el “archivo del Corregimiento de Laredo” marchó a Santander (por motivos de “salud”), hasta que aquí hubiese “un sitio” donde colocarlo y estudiarlo. Pues bien, ahora me dicen que “difícilmente” volverá.

Todas estas cosas llevan días rondando mi mente y, por eso, tengo necesidad de contarlas. Sé positivamente que todo esto se arregla con “voluntad política” y nada más. Que por parte de Pedro y de Romualdo se ha presentado (se presentó), en el ayuntamiento, un proyecto “modesto” de “museo” en la antigua sacristía (1.740) de la iglesia, donde poder exponer y guardar todas estas cosas y alguna más (porque tener cosas, ¡tenemos!). Se presentó en su día un “catálogo” (detallado) al alcalde y, más tarde, al concejal del ramo, pero… hasta hoy, “nothing” (todo quedó en “suspenso”). Además, ahora, con la historia de “la crisis” (dichosa crisis) no hacen falta “excusas” para justificar nada.

Todavía recuerdo las palabras de Pedro cuando me puso en la mano un Cristo del siglo XV, un Cristo de terracota: “Fernando, desde la palma de tú mano más de cinco siglos te contemplan”- Algo así les dijo Napoleón a sus soldados antes de entrar en batalla en la “campaña” de Egipto (allí con más “siglos”, ¡claro!)-.

Para acabar. Le preguntamos a Pedro:

-Pedro, ¿no hay manera de que esto se quede aquí con la excusa de que “nosotros” también queremos crear un museo?

-Sí, ¡claro!, esto no es más que cuestión de “voluntad política”.

Y digo yo: Más aún siendo el alcalde de Laredo y el Consejero de Cultura “amigos” y del mismo partido ¿o no?

Cómo casi siempre: ¡No entiendo nada! ¿Y vosotros?

¿Qué nos está pasando?